ATENDÍ AL LLAMADO

Leer el Café es una labor que me encanta, forma parte de mi crecimiento espiritual, lo he aprendido de mi madre, quien emigro a Venezuela luego de la segunda guerra mundial, escapando del terror y la inconciencia humana. Pertenecemos a un linaje de sangre pura, una filosofía monoteísta, acepta la legitimidad de los profetas de las tradiciones griegas, judeocristianas e islámicas, incorporamos elementos gnósticos, y creemos en la reencarnación. Los drusos mantuvimos en secreto buena parte de los detalles de nuestra fe (practicando la taqiyya, tomada del islam chií), ya que los drusos fueron violentamente perseguidos durante siglos por otras comunidades religiosas. Los drusos creen en un único dios. Nuestra teología tiene una visión neoplatónica sobre cómo interacciona Dios con el mundo, similar al gnosticismo y a otras vertientes esotéricas. En mi caso, la cafeomancia.

Desde pequeño observaba como mi madre leía el café a sus vecinas y muchos otros personajes que con frecuencia visitaban nuestro hogar. Desde entonces entendí que el don que poseía para observar los colores del aura en cada persona, eran conocimientos adquiridos a través del tiempo, sabias interpretaciones que fueron concediéndose de generación a generación con la intención de mostrar el camino para aquellas personas que buscan la resiliencia de su alma, respuestas a tantas preguntas y acontecimientos.

Para mí, leer la borra del café, primero que nada es una interpretación guiada por la intuición y la magia cósmica aunada a la percepción visual de la morfología psicocorporal y el resplandor del alma. Es como la ciencia de leer los jeroglíficos. Se necesita tener un sexto sentido, un don que se debe manejar con una predisposición total, una gran percepción extrasensorial, como dicen los parapsicólogos. De ahí que la CAFEOMANCIA sea, más que un oráculo, un test realizado entre dos personas: el paciente y el lector.

Los árabes fueron los primeros en descubrir las virtudes y la mancia del café. Esto fue porque desarrollaron todo el proceso de cultivo y procesamiento del café y lo guardaron como un secreto. Sabían que la energía que yacía plasmada en el color, olor y forma del café se vinculaba a una fuerza ancestral única y mágica.

La lectura de la borra del café es un secreto que, desde épocas inmemoriales, los árabes se vienen trasmitiendo. Es una trasmisión verbal, no escrita; las figuras tienen un significado que a veces voy cambiando según los ciclos lunares. Su campo de acción no se agota en la mera lectura, sino que se aproxima a la ciencia y a la psicología. Los simbolismos se transmiten de padres a hijos conservando el linaje árabe.

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